
ene
2012
Más del 85% de los niños entre 2 y 14 años de edad sufre castigos físicos o psicológicos. Bien durante su educación o bien al verse privada de ella, los niños y niñas están expuestos a situaciones de violencia que pueden provenir de su familia, de otros adultos o de otros niños. Esta violencia puede ser de muy distintos tipos pero uno de ellos, relacionado con el ámbito educativo tanto en sus casas como en la escuela, es el que tiene que ver con las nociones de disciplina y castigo.
Una de las confusiones que aparecen en los espacios de trabajo de las ONG que desarrollan acciones en relación a la violencia contra los niños, es la que surge entre disciplina y castigo. La disciplina positiva es un conjunto de medidas que los adultos emplean para corregir la conducta de los niños y niñas, imponiéndoles normas y límites que en ningún momento implican el uso de la violencia, y que brindan alternativas de resolución pacífica de conflictos.
La disciplina positiva, por tanto, nunca incluye forma alguna de violencia física o psicológica, y cuestiona la conducta pero nunca la dignidad de la persona. Los especialistas entienden además que la disciplina positiva ofrece siempre el aprendizaje de una conducta alternativa, en la que el niño o niña participa tanto como es posible, y cuya sanción es proporcional y relacionada con la conducta a corregir. Los padres o tutores deben establecer una comunicación con los niños y niñas, dando a conocer la norma previamente y explicando por qué la acción está mal, cuáles son las consecuencias y por qué no deberían repetirlo.
Los estudios comparados e investigaciones sobre la naturaleza y el alcance de violencia contra niños, niñas y adolescentes señalan que, si bien parte de la violencia es cometida por extraños, “la gran mayoría de los actos violentos son cometidos por personas que forman parte del entorno inmediato del niño víctima: sus padres y la familia ampliada, el novio o novia, el cónyuge o compañero, los educadores, los compañeros de colegio y los empleadores”, según explica el experto Paulo Pinheiro en el Informe Mundial de la Organización de Naciones Unidas (ONU; 2006) sobre Violencia contra los niños y niñas.
Este investigador indica además que esta problemática social, cuyo impacto es devastador para el desarrollo afectivo, cognitivo y social de los niños, existe en todos los Estados “y cruza fronteras culturales, las diferencias de clase, educación, ingresos, origen étnico y edad”. En este sentido, la Representante de Naciones Unidas (ONU) sobre Violencia contra los Niños, Marta Santos Pais, recordaba en 2010 que, a nivel global, cada año más del 85% de los niños entre 2 y 14 años de edad sufre castigos físicos o psicológicos, e “infelizmente la violencia sigue siendo socialmente aceptada”.
La movilización de la sociedad civil ha sido clave, por ejemplo, para duplicar el número de países que han establecido una prohibición legislativa amplia de todas las formas de violencia contra los niños (de 16 en 2006, a 29 en 2011), que en algunos casos hasta han sido incorporadas en la Constitución. Marta Santos País recuerda que a pesar de este avance en cuanto a apoyo jurídico, actualmente menos del 5% de los niños del mundo se benefician de la protección jurídica contra todas las formas de violencia en todos los ámbitos.
La legislación es un marco esencial, pero no garantiza de forma mágica la protección de los derechos de los niños. Es por ello que muchas organizaciones de la sociedad civil, tanto locales como de acción internacional, que trabajan para erradicar la violencia contra los niños, construyen su agenda con campañas en medios de comunicación o acciones de incidencia frente a representantes políticos para el cambio de legislaciones permisivas, pero también con talleres con padres, madres, tutores, niños y niñas a nivel local para abatir la aceptación y justificación social de la violencia. Asimismo para la prestación de asistencia a víctimas, o en promoción de ámbitos de denuncia de situaciones muchas veces silenciadas o no reconocidas.
Porque la falta de movilización, de prevención, acción y denuncia, actúan como promotores de la violencia. “El mundo no será destruido por los que hacen mal – sentenciaba Albert Einstein- sino por los que se quedan mirando sin hacer nada”.
Imagen: UN Photo/Marco Dormino
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