
nov
2011
La violencia contra los niños, niñas y adolescentes (NNA) tiene efectos duraderos que impactan directamente en la construcción de su identidad y sudesarrollo afectivo, siendo este último la base desde la que se construye eldesarrollo cognitivo y eldesarrollo social.
El impacto de la violencia es devastador cuando además es ejercida por las personas que establecen vínculos afectivos con el niño, ya que este vínculo determina que éstos interioricen el binomio amor-violencia como natural. Esta es una de las consecuencias más graves a largo plazo del castigo físico y humillante, porque la violencia se integra como una actuación válida ante determinadas situaciones, justificable y generalizable a otros contextos. “La relación de poder que subyace a la violencia – dice la autora del libro ‘Amor, poder y violencia’, Pepa Horno- queda de este modo legitimada por las primeras figuras de cuidado y protección”.
El daño provocado por el maltrato psicológico es proporcional a su naturalización, dicen los expertos del Proyecto Rincón del Buen Trato (RIBUTRA), que llevan adelante en Bolivia la Fundación La Paz con Intervida. Referirse a los niños y niñas con frases como “te voy a matar” o “una vez más y te corto los dedos” atacan la integridad de los niños, expresan la no aceptación y el rechazo, y a la vez enseñan a hacer cosas a escondidas y a decir mentiras para evitar los terribles castigos que el niño o niña cree que le esperan. Cuando se dan cuenta que las amenazas no tienen fundamento, llegan a la conclusión, correcta por otra parte, de que los adultos mienten, dando lugar al deterioro de la habilidad de los niños y niñas para establecer relaciones de confianza con otros.
Los especialistas del Proyecto RIBUTRA señalan la importancia crucial de los vínculos cercanos en la creación de marcos de referencia de los niños y niñas. Son éstos los pilares básicos para el desarrollo afectivo, primordial para el desarrollo cognitivo, y que posibilita en última instancia, un desarrollo social positivo. Los marcos de referencia suponen relaciones afectivas estables y seguras, que no integran la violencia como natural en las relaciones, generan recursos en los niños para enfrentar y defenderse de situaciones de violencia de terceros o del entorno, y ayudan a minimizar los efectos de las mismas en el desarrollo evolutivo infantil.
“Una bofetada o una patada, entre otras formas de castigo físico y humillante, pueden servir para que el adulto libere su cólera transitoriamente dejando un efecto duradero en el niño o niña” señalan los responsables del Proyecto RIBUTRA. Pegar no enseña a los niños y niñas a cuidar sus cosas, a ser ordenados o a respetar a las personas, sino que les enseña que los adultos de quienes dependen son peligrosos, y deteriora el lazo de confianza de estos con sus padres o cuidadores. Lo que sí enseña el pegar a los niños es que la relación entre los seres humanos está basada en la fuerza. “Mientras más golpeado sea el niño- señalan los responsables del Proyecto RIBUTRA-, mayor será la posibilidad de que llegue a ser un adulto que se relaciona con otros, no por medio de la persuasión, sino por medio del uso de la fuerza. Así se contribuye a la formación de abusadores, cónyuges autoritarios, corruptos y explotadores”.