
abr
2012
Burkina Faso, clasificado como uno de los países más pobres del mundo, es el país africano en el que Intervida ha lanzado su programa de becas de secundaria dirigido a niñas de doce años y más. Este país constituye un caso paradigmático de un sistema educativo lastrado por unos problemas estructurales y culturales que urge superar.
Los altos índices de analfabetismo y de abandono escolar –tanto en primaria como en secundaria- y los bajos índices de matriculación demuestran que el principal problema de África en materia de educación sigue siendo el acceso a la misma. Se trata también del continente donde las disparidades en dicho acceso entre niños y niñas siguen siendo más altas.
Las tasas de matriculación actuales harán difícil el logro de los objetivos de desarrollo del milenio. Bajos niveles de matriculación, deserción escolar, disparidad en el acceso a la educación entre niños y niñas y entre población rural y urbana, falta de profesores, infraestructuras escasas y deficitarias y atención a la primera infancia casi inexistente. El panorama descrito por el Informe del Comité de Derechos del Niño de 2010 es desolador. Y la peor parte siempre se la llevan las niñas.
Volviendo al tema del acceso, la escasa representación de las niñas se incrementa conforme se avanza en los ciclos educativos. Al ritmo actual, sería un milagro que Burkina Faso lograra los objetivos del milenio relativos a educación y género.

Causas de la brecha educativa en Burkina
Como también analizábamos en anteriores post, explicar las disparidades de género en la escolarización de Burkina pasa por analizar las relaciones de género de la sociedad. Hay que detenerse en el nivel cultural y social para entender qué códigos rigen tanto en la comunidad como en la familia y, en consecuencia, en el propio sistema educativo.
Por ello, no basta con medir las tasas de matrícula. Las niñas deben salvar unos obstáculos que quedan reflejados negativamente en otros indicadores. Las cargas familiares, domésticas y laborales acarrean un cansancio físico que se salda con un menor rendimiento escolar. En los raros casos en que la niña abandona la escuela y logra reincorporarse, ya se han producido unos retrasos a nivel cognitivo y de aprendizaje que difícilmente podrán subsanarse. Eso sin tener en cuenta que las niñas están expuestas a graves formas de violencia física y psicológica en las escuelas, aspecto sobre el que el mencionado comité ha dado un fuerte toque de atención al gobierno del país. En el peor de los casos se casa a la niña a una edad temprana, poniendo un abrupto fin a su escolarización primaria o secundaria: en Burkina Faso, la mayoría de las adolescentes que constituyen un hogar contraen matrimonio entre los 14 y los 19 años.
Y tampoco faltan los patrones patriarcales inculcados durante años por familia y docentes que no alientan a la niña a permanecer en la escuela y superarse. Así, desde muy pronto se les da a entender que su meta en la vida es formar una familia y llevar un hogar. De este modo, cursar secundaria se convierte a los ojos de muchos en un lujo prescindible. También lo demuestra el hecho de que suelen elegir itinerarios que no tienen por objetivo responder a las necesidades del mercado laboral. Las mujeres dedicadas a disciplinas científicas brillan por su ausencia. No se les permite soñar. El imaginario colectivo las limita, poniendo coto a su libertad como seres humanos.
Reforzar las políticas nacionales de género y el cambio de actitudes
En su último informe dirigido al gobierno de Burkina Faso, el Comité de Derechos del Niño no hace ninguna recomendación expresa en el apartado de Educación, ocio y actividades culturales acerca de los cambios a favor de la equidad de género. Sin embargo, sí expresa honda preocupación con respecto a la aplicación efectiva de su Política nacional de género e insta a reforzar su Política nacional de educación para la vida en familia, destinada a que padres e hijos desafíen las costumbres y tradiciones discriminatorias y las actitudes estereotipadas con respecto a las funciones y responsabilidades de las mujeres y las niñas en la familia, y a promover la igual participación en la responsabilidad parental.
Son muchos los retos en materia de educación y de género para Burkina Faso. Y el resultado será tanto más beneficioso si reforma educativa y cambio de mentalidades van a la par. Hay que mejorar el acceso al sistema educativo, alcanzar una igual representación de género en el cuerpo docente y garantizar unos contenidos curriculares y una enseñanza respetuosa con un rol activo de la mujer en la sociedad. Pero ese cambio debe empezar en la familia y la comunidad, ayudado por las políticas de género adecuadas.
IMAGEN: UN PHOTO / Kay Muldoon
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